Perfil Psicológico del poeta Miguel Hernández, 75 años tras su muerte

Informe

Isabel Cabetas Hernández.

Doctora en Psicología. Jubilada. Capacidad investigadora, docente y clínica 

 

En los años 70  yo di de bruces con el poeta. Me pidió una amiga veinteañera que leyera la Elegía de Miguel a Sitjé en el funeral de su joven hermano, muerto inesperadamente.

 

“Tanto dolor se agrupa en mi costado/

que por doler me duele hasta el aliento”.

Difícil contener mi emoción. Las estrofas finales me ayudaron a terminar serenamente:

 

“A las  aladas almas de las rosas/

del almendro de nata te requiero,/

que tenemos que hablar de muchas cosas,/

 compañero del alma, compañero”.

 

Este año se cumplen 75 de la muerte del poeta, ahondemos en su persona, conozcamos más a fondo aspectos psicológicos de Miguel. Es un regalo de la vida hacerlo.

 

La estructura psíquica de cualquier humano se forma durante sus primeros 18 años que a su vez se apoyan en la primera infancia. El amor del ser nutricio, la madre o sustituto, facilitan los importantes primeros cinco años. Y Miguel los vivió en familia de ganaderos con buena economía y rodeado de hermanos. Murieron 3 de los 7 como entonces ocurría y su religiosa familia lo asumió. La madre era enfermiza pero buena esposa  y tierna con los hijos.

 

Recibe educación primaria  de 5 a 13 años  en  dos escuelas cercanas a los sucesivos hogares que la familia ocupa iniciando el bachillerato de los 13 a los 15 en el colegio de Santo Domingo de Orihuela regentado por los jesuitas, que le aportan conocimientos culturales básicos y le ofrecen una beca para continuar estudios dada su inteligencia, inquietud y creatividad. Pastor de cabras desde muy temprana edad tiene un cuerpo ágil y acostumbrado a la Naturaleza y sus cambios.

 

LOS DESENGAÑOS

 

No es alto, es moreno y en la cara tiene ciertas marcas de un carburo que le estalló jugando de niño. Tiene un gran poder de seducción cuando se le trata personalmente.

 

Hasta su adolescencia está pues integrado en la familia y la sociedad de su entorno. Es un chaval inteligente.

 

Todo este bagaje le va a hacer falta pues, a partir de ahora, va a enfrentarse a desengaños y frustraciones inesperadas para satisfacer sus impulsos vitales que, si no se superan, ocasionan una neurosis traumática, importante trastorno psíquico. Pero ya ha vivido 15 años muy consistentes que le ayudan.

 

Su primer desengaño o frustración le golpea a los 16 años cuando el padre rechaza la beca para continuar estudios por fallar las paternas expectativas laborales. Ante esta frustración -le niegan beca y estudios- Miguel puede evitar el trauma por distintos caminos: en parte reprime (“no sigo estudios oficiales y me dedico al campo”); desplaza (“estudiará mi hijo lo que yo no pude”), sublima (transciende de sí mismo y lo relata a la sociedad en versos); realiza (sin escuela lee y aprende de forma auto-didacta). Demostró tener recursos y empleó estos remedios.

 

Con coherencia e inteligencia emocional es resistente, resilente decimos hoy, con resistencia excepcional a resolver contratiempos. En “Perito en Lunas” y en su “Auto Sacramental” publicados años después así lo auto-describe. 

 

Supera contratiempos con vitalidad, salud y auto estima, apoyado siempre por la madre. Aunque su hermano se incomode y pelee por dormir junto a él con la luz encendida, esa que Miguel requería antes de salir temprano los dos a pastorear.

 

Esta primera frustración -rechaza la beca y abandona estudios por decisión del padre-, primera fase o primera luna, como decía su fiel amigo Sitgé, la supera con satisfacción sublimando la renuncia a la enseñanza oficial; su adquirido conocimiento de los clásicos literarios lo trabaja en rima autodidacta, gozándose de auto-descubrir el amor sensual y el misticismo pagano y versándolo al mundo. Mientras cuida el rebaño, Hernández lee con avidez y escribe sus primeros poemas con inmediato éxito.

 

El canónigo Luis Almarcha pone a su disposición libros de San Juan de la Cruz, Gabriel Miró, Paul Verlaine y Virgilio. Él busca conocer el Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón y sobre todo Góngora y Garcilaso; también autores modernos como Juan Ramón y Machado.

 

LAS ETAPAS DE MIGUEL

 

Miguel Hernández con 18 años tenía esta estructura psíquica de la personalidad: 1910 a 1928 (Etapa autorrelatada en “Perito en lunas” y “Auto Sacramental”); 1936 a 1939 Etapa de Tolerancia a la Guerra;  1939 a 1942 Etapa de Trauma, Cárcel y Muerte.

 

  • Infancia y Adolescencia

 

Sano e integrado en familia de pastores.

Educación escolar básica y literaria.

Querido por la madre y cubierto en economía del hogar

Apasionado e inquieto en amor, política y entorno.

Seductor, auto didacta y resilente

Sabe recibir ayuda.

 

  • Dedicación Amorosa, Política y Artístico-Literaria

 

El poeta mantiene proximidad con la generación del 27. Con 19 años siente su fuerza biológica y premoniza su propìa muerte: “como el toro burlado, como el toro.”

 

Controla instinto conciliando razón y deseo. El amor atempera sus desasosiegos biológicos. Carmen  “la Calabacina”, María Cegarra, Maruja Mallo y Josefina Manresa son balanceos amorosos de Miguel entre la intelectual y la campesina.

 

Su poesía es más social y menos religiosa manifestando compromiso político con los desheredados. Seduce a la mujer con la palabra, de la que suele carecer tanto hombre enamorado.

 

Al erotismo del admirado poeta uruguayo Julio Herrera y Reissig (1875-1910) Miguel previene en Epitafio: “Quiso ser trueno y se quedó en sollozo”.

 

En Búsqueda de Hembra la confianza en su madre le apoyó siempre. La versaba “gitana oscura y perdida”: ¿se apoyaba en la mujer-madre para sus tanteos así más confiados? Siempre sintonizó con las mujeres de su entorno: Carmen Conde, la mujer de Antonio Oliver Belmás; Concha Méndez, la mujer de Manuel Altolaguirre; Delia del Carril, la mujer de Pablo Neruda; Elena Garro, la primera esposa de Octavio Paz , y también María Teresa León, la mujer de Rafael Alberti.

 

 

Nunca en versos nos revela el nombre o nombres de la amada a quién van dirigidas las frecuentes quejas de desamor y desengaños. Josefina, nacida en Quesada (Jaén) en 1916, era hija de un guardia civil. A Maruja Mallo, ocho años mayor, que ocupa en Madrid varias cátedras y es la primera española perito química, posiblemente se la presentó Paco Díe (Francisco Díe García-Murphy) o Benjamín Palencia.

 

Fue un erotismo salvaje con Maruja que la aparta de Josefina a la que escribe el 20 de junio que ella es “una mujer que no entiende sus ansias de mundo y que se  aferra a una hipócrita moral provinciana”. En su tórrida relación sexual produce parte de los sonetos de “El rayo que no cesa” que más de una mujer se adjudica. 

 

Se relaciona con Vicente Alexandre y Pablo Neruda en Odas respectivas. Su poesía es más social y menos religiosa manifestando compromiso político con los desheredados. Con Maruja participó en la “Escuela de Vallecas” buscando sin éxito cohesión de aportaciones al arte vanguardista de los años 30.

 

  • Tolerancia a la guerra

 

En 1936 con Maruja Mallo la Guardia Civil detuvo a Miguel por indocumentado. Se aleja del catolicismo y toma compromiso beligerante. Su resistencia psicológica sigue fuerte. No es guerrero parásito sino voluntario.

 

Cesan escapadas con Maruja y Miguel escribe al padre de Josefina para reanudar el noviazgo. A ella también, arrepentido. Semanas después publica "El rayo que no cesa". Otros poemas anteriores a la ruptura manifiestan la nostalgia por su ausencia.

 

Con el triunfo del Frente Popular colaboró con otros intelectuales en llevar la cultura a zonas deprimidas. Se alista en el ejército republicano siendo nombrado comisario político y asiste al Congreso Internacional de intelectuales antifascistas en Valencia. El marxista Neruda influyó en Miguel, que se alejó del catolicismo y tomó compromiso beligerante.

 

En 1937 Maruja Mallo pasó a Buenos Aires, había escrito artículos desde Vigo publicados después en La Vanguardia que le hubieran costado cárcel o penas de muerte en el franquismo. Cultivó la llamada poesía de guerra: "Viento del pueblo" (1937), que incluye la "Canción del esposo soldado" y "El niño yuntero". También "El  hombre acecha” (1939), visión trágica de la contienda fratricida, y diversos  textos dramáticos antifascistas titulados Teatro en la guerra (1937).

 

Miguel y Josefina se casaron el 9 de marzo de 1937, meses después del asesinato de su padre en agosto del 36. En pocas semanas la guerra civil les separó. Cartas continuas les unieron. Publicó diversos poemas y dio numerosos recitales en el frente. El fallecimiento de su primer hijo (1938) y el nacimiento del segundo (1939) se añadieron a la obra poética.

 

  • Trauma de Cárcel y muerte

 

Consciente del peligro trata de cruzar la frontera con Portugal pero es apresado. Desde el 29 de septiembre de 1939 hasta su muerte “hace turismo -decía amargamente- por 13 prisiones”. Su resilencia cede ante la enfermedad progresiva y la falta de libertad termina al tiempo con su cuerpo y su ánimo. Con todo en la cárcel acabó "Cancionero y romancero de ausencias" (1938-1941).

 

Josefina se traslada con el bebé a Alicante y se ven entre rejas. El 4 de marzo de 1942 se celebra el matrimonio canónico y la dejan entrar en la Enfermería. En su indefenso organismo una "tuberculosis pulmonar aguda" se extiende a ambos pulmones. Entre dolores acerbos, hemorragias agudas, golpes de tos, Miguel Hernández expira el 28 de marzo de 1942 a los treinta y un años de edad. 


Gracias a Josefina que conservó su legado, hemos tenido oportunidad de conocer al poeta.       

 

 


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